Análisis del proyecto de Parque Nacional en la Sierra de Guadarrama

Carlos Jiménez Romera

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Resumen


El éxito evolutivo de la especie humana le ha otorgado la supremacía sobre la mayor parte de las especies animales con las que competía, obligándolas a retirarse a rincones inhóspitos o a, simplemente, desaparecer y extinguirse. Desde hace miles de años la humanidad ha interferido seriamente en los ecosistemas del planeta, modificándolos en su favor (eliminación de competidores, sustitución de especies vegetales, roturación del suelo, construcción de diques y sistemas de riego...); estas interferencias sólo en casos muy puntuales, ecosistemas especialmente frágiles, han puesto en peligro la propia supervivencia de la especie humana. El progreso tecnológico de los últimos siglos ha permitido un dominio sobre los ecosistemas nunca antes conocido, hasta el punto de poner en peligro su propia supervivencia.

A pesar del tradicional antagonismo entre lo artificial y lo natural, no hay que olvidar que lo artificial, directamente creado por el hombre, no deja de ser un subconjunto de lo natural y que, de hecho, depende del conjunto de la naturaleza para seguir existiendo. Los ecosistemas naturales proporcionan una serie de servicios de valor incalculable, baste señalar que la atmósfera rica en oxígeno que nos permite respirar es resultado de miles de millones de años de fotosíntesis, y que la regulación de los climas terrestres tiene un importante componente biológico; todo lo anterior por no mencionar lo obvio: como animales heterótrofos no somos capaces de fabricar nuestros propios alimentos y debemos recurrir, directa o indirectamente, a las plantas para alimentarnos. Lo fundamental, en cualquier caso, es que no hay una fuente alternativa para obtener todos estos servicios.


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